Estaba harto.
Pensé en agarrar el martillo y hacerlo...
Con un poco de suerte podría, de un golpe, terminar con el incesante martirio.
Sería maravilloso.
No más controles...
No más urgencias...
¡No más cárcel!
Tarde o temprano todos se enterarían de lo que hice...
Tarde o temprano alguien se animaría a imitarme...
Y después, quizás otro... Y otro...
Y muchos otros ganarían coraje.
Una reacción en cadena que permitiría terminar para siempre con la opresión.
Deshacernos definitivamente de ellos.
Deshacernos de ellos con todas sus formas...
Pronto me di cuenta de que mi sueño era imposible.
Nuestra esclavitud parece ser, a la vez, nuestra única posibilidad...
Nosotros hemos creado a nuestros carceleros, y, ahora, sin ellos, la sociedad no existiría.
Es necesario que lo admita...¡Ya no sabríamos vivir sin relojes!
(J.B, vía S.J, julio 2012)
No hay comentarios:
Publicar un comentario